• Alejandra Muñoz

La pasionaria

Vengo de una tierra que le sobra corazón, "y voluntad", añadiría Marta Gómez. Este viernes, por azares de una pandemia inédita, finalizó una estancia de 85 días, alrededor de los 30°C, en el país de la guayaba y el café.

Allí las cosas del común ruedan a otro ritmo, con una cadencia distinta. La economía sumergida, que no es otra que el empleo informal, la estrategia del rebusque y la subsistencia por imposición, hace de Colombia un país tan pujante que se desgarra en el parto. Una tierra que esconde bajo su corteza la riqueza de una sociedad que ignora lo que pisa. Una tierra fértil pero esterilizada.

A 9 mil kilómetros de esta península se mueve gente que me importa, exactamente 48.258.494 personas y, concretamente, mi familia. Ellos no lo saben pero son privilegiados. Todas las veces que estando aquí una quisiera volver allí y estando allí una quisiera estar aquí, dan cuenta de los sentimientos que a una le mueven el corazón y las razones de la cabeza.

Durante estos últimos tres meses he podido reconocer mis raíces y recuperar algo de la memoria genealógica de la que había sido privada por omisión. Ya tendré cuarentena para contarles de mi aventura tropical. Por lo pronto, este país del que les hablo se debate entre la negligencia y la incredulidad frente una pandemia aún incipiente que intentan lidiar con simulacros. Hace una semana los casos de contagio eran 3, ayer se superó el centenar y hoy van por 197 confirmados.


Después de haber padecido en mis carnes la ineficacia del sistema de salud y la inoperancia de la administración antes de que le viéramos las orejas al lobo, temo por esos más de 40 millones de colombianos que empiezan a ver con estupor lo que pasa en la europa sureña pero que salen al bar a hacer la gracia con el parte del día o a recibir con chiva rumbera al amigo que vino de España. Ni qué hablar de aquellas zonas en la que la mano del estado brilla por su ausencia.

Con todo, su presidente, lejos de tener una mirada trasatlántica, por eso de adelantarse a lo inevitable, pide ayuda a la virgen de Chiquinquirá para sus connacionales que se aferran a la fe católica.


Hace 31 años moría la pasionaria Dolores Ibárruri de una neumonía, el mismo principio activo del Covid-19 que hoy deja más de 299.000 casos de contagio en 172 países del mundo. En su nombre, quisiera repetir ahora eso de: "no pasará(n)".





#Coronavirus #Colombia #España

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